Al caminar La Habana una se adentra en un universo que produce una mezcla de asombro y deja vú. Como que una sabe La Habana, en alguna parte del recuerdo, pero en su vida ha visto tanto negro bembón, tanta bici, tanta gente asomada en los balcones. Como que hay un reconocimiento del cielo y las miradas, pero no se siente real la luz tan transparente, su reflejo en los muros de colores suaves, el mar como elemento paisajístico. Algo, más allá de lo extranjero, más allá de estar frente a una otredad, como decirlo, tan cercana.

Caminar las ruinas de Centro Habana, con nombres como Virtudes y Perseverancia. Entresacar de sus restos la gloria, la pintura original, los faroles encendidos. Transitar con la mirada ávida, detenerla en los detalles que hablan de lo que esta ciudad es. Aterrizar en ella.

Entonces caigo en cuenta de que es el tiempo, un tiempo que se detuvo antes  de que  finalizara la década de los años cincuenta, lo que me provoca el sentirme como en una vieja casa familiar. Cuba detuvo el tiempo de Occidente para vivir el propio. Lo gritan los edificios, las marquesinas de los cines, la ropa de los hombres, el mobiliario, los cuadernos, las cafeterías, los cortes de pelo, el maquillaje, la moral misma que, aparte de los cubanos involucrados con el turismo que todo se come, es la de nuestros padres en sus tiempos, la que trataron de inculcarnos -pero se les atravezaron los sesentas. Una moral que poco tiene que ver con la posmodernidad del fin de siglo del mundo occidental.

1995, publicado en Vientos

Walking  La Habana is a journey into a universe that amazes and at the same time produces a deja vú. It's like if you already know La Habana, if it lives somewhere in the memory, but you have never seen so many big mouthed black men,so many bicycles, so many people on the balconies. Is like if you recognize the sky and the gazes, but this light so transparent  just can't be real, nor its reflection on the soft coloured walls, nor the sea as just an elemento of the landscape.  There is something is this Otherness so close.

To walk among the ruins of Centro Habana, with street names as Virtues and Perseverance. To pick out the glory, the priginal painting, the lightened lamps. To traansit it with  hungry eyes, to hold them on every detail that talks of what this city really is. To land on it.

Is then when l realize that it is time, a time that stopped before the fifties ended, and this makes me feel like inside a long known home. Cuba stopped the  West time to live its own. And everything shouts it aloud: the buildings, the theater marquees, the men's clothing, the furnishing, notebooks, coffee shops, haircuts, make up, the moral itself which, beside the cubans involved with the devouring-all toursim, is the same moral that our parents tried to teach us, but the sixties came over. A moral that has nothing to do with postmodernism of the western world's fin du siecle.

1995  published in Vientos

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++Maferefún Yemayá, Maferefún Elegguá

Cosí ikú

cosí ano

cosí ello, cosí ofo

aricubaagua

Que no haya muerto, que no haya enfermedad, que no haya tragedia, que cualquier cosa mala que se presente de repente sea alejada. Que venga lo bueno.

Que todos los Orishas unan su aché para quitar los tenebrosos obstáculos en el camino de Cuba, la bella, y de sus hijas e hijos.

 

may be no death, no illness, no tragedy.  That any sudden evil may be conjured.

May goodness come.  May all the Orishas join Ache to clear up the tenebrous obstacles in Beautiful Cuba's path, in her children's path.

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Yemayá, Ochún y Oyá

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